Por fin llegó el día y ya se ha celebrado la última corrida de toros en la plaza Monumental de Barcelona, estos seis toros lidiados serán por fin los últimos que mueran en esa plaza.
Esto es sólo un pequeño paso, pero muy importante ya que marca el deseo de la sociedad por cambiar las cosas.
Los taurinos hablan de fiesta nacional, de tradición de más de 600 años, pero ni la palabra fiesta ni la palabra tradición pueden justificar ningún tipo de maltrato, no estamos seiscientos años atrás, los tiempos han cambiado y con ello la mentalidad de la gente y esto es una realidad por mucho que les pese a los taurinos.
Somos carnívoros por naturaleza y al igual que en ésta también tenemos que matar lo que nos comemos, pero somos lo suficientemente inteligentes para poder elegir lo que matamos y sobre todo, cómo matamos.
Salvo raras excepciones los carnívoros no infringen a sus presas más daño y sufrimiento del meramente necesario para sobrevivir y por supuesto no por diversión.
He leído y oído excusas de todo tipo para no acabar con las corridas de toros, incluso en una entrevista que leí hace poco a un torero éste aseguraba que no podían haber corridas sin matar al toro, como ya ocurre en otros países, que el toro debe morir si no ya no es lo mismo, me pregunto si lo que le gusta es la fiesta o la sangre.
No, no hay excusa ni justificación posible para aceptar cualquier tipo de maltrato a los animales y si maltratarlos es malo, hacer de ello un espectáculo es además vergonzoso.
Por suerte la mentalidad de los jóvenes está cambiando y cada día son menos los simpatizantes de los toros fuera de su propio ámbito y sólo es una cuestión de tiempo que todas las plazas de toros de España sigan el mismo camino de la Monumental y acabemos por fin no con 600 años de tradición, si no con 600 años de locura y maltrato a un precioso y noble animal.

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